En psicología de la percepción hay pocas cosas tan consistentes como esta: nos formamos juicios sobre los demás en segundos, antes de procesar una sola palabra. Y el olfato juega un papel particular, porque es el sentido más directamente conectado con la memoria y la emoción: un olor no se «analiza», se siente. Por eso una presencia que huele bien se recuerda — y una que no, también.
El problema de la mayoría de perfumes convencionales es doble: son fragancias pensadas para gustar en la tienda, no para durar la noche, y se diluyen en una o dos horas. Justo cuando la situación se pone interesante, tu presencia olfativa ya se ha ido a casa.
Cuando me preguntan qué haría yo, mi respuesta es la misma que doy en consultoría de imagen: no dejes al azar el único canal de tu primera impresión que puedes preparar en cinco segundo