Cuando te sientas en una superficie plana y dura, la mayor parte del peso del tronco se concentra en dos puntos de apoyo muy pequeños: los isquiones (los huesos de sentarse) y el coxis.
Con la edad, el tejido muscular y graso que amortigua esa zona pierde volumen de forma natural. El resultado: el hueso apoya cada vez más directo contra el asiento, comprimiendo tejidos por los que además discurre el nervio ciático. Por eso la molestia no siempre se queda en la rabadilla — a veces irradia hacia la cadera o la pierna.
Un almohadón de espuma no corrige esto: se comprime con el peso en pocos minutos y el apoyo vuelve a concentrarse en el mismo punto. Alivia la sensación al sentarse; no cambia la mecánica.