Durante años recomendé a cientos de clientes, todo lo que veía anunciado. Cremas caras, sérums, tratamientos de farmacia... Siempre tenían la misma sensación: durante unos días sus pieles se veían más hidratada, pero al poco tiempo todo volvía a ser igual.
Con el paso de los años empezaron a notar la piel más seca, con menos luminosidad y las líneas de expresión cada vez más marcadas.
No buscaban parecer veinte años más joven; simplemente querían que sus pieles volvieran a verse más cuidada.
Fue entonces cuando me tope con una crema con veneno de abeja.
Al principio pensé que era otra moda. El nombre me sonaba extraño y sinceramente tenía muchas dudas.
Pero decidí investigar un poco antes de descartarla.
Lo que me llamó la atención no fue solo ese ingrediente. Descubrí que también incorporaba ácido hialurónico, péptidos y otros ingredientes habituales en productos para el cuidado de la piel.
Eso me dio más confianza y decidí probarla.